El tejocote más allá del ponche

El tejocote más allá del ponche

26 noviembre, 2019 0 Por Boni Boni

Aunque hay quien dice que desde agosto se asoma y quien afirma que es en octubre cuando inicia su temporada, parece que para el mexicano promedio el tejocote no existe más que en diciembre, cuando lo consume en el tradicional ponche navideño o lo mira con malos ojos caer de una piñata. Sin embargo, él está allí, antes y después de la posada, guardando algunos de los secretos que te revelo en esta ocasión.

Este fruto mesoamericano es endémico de México, aunque también llega a crecer en algunas partes de Sudamérica. Puebla es el mayor productor de esta fruta, ya que al parecer la región de los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl es su hábitat ideal.

El tejocote posee un aspecto pecoso de colores cálidos y un aroma bastante llamativo, pero desafortunadamente para muchos, me incluyo entre ellos, pierde el encanto al ser mordido, pues su sabor no agrada a todos los paladares. Su nombre náhuatl texocotl hace referencia a dos de sus características más distintivas, su dureza (tetl) y su agridulce gusto (xocotl).

Con respecto al sabor, hay quien lo percibe desabrido y quien lo encuentra algo amargo. Yo creo que uno de los motivos principales de que las personas rechacen al pobre tejocotito es que no es tan dulce como muchas de las frutas a las que estamos acostumbrados. Otra razón quizá sea que lidiar con sus tantas semillotas duras resulta aburrido o molesto #PorqueFlojo o #PorqueChillón. Tal vez su cáscara áspera y sin sabor no ayuda. A lo mejor la realidad es que algunos simplemente no nacimos con el don de deleitarnos con su pulpa en estado natural, así que el problema somos nosotros y no él.

A pesar de todos los argumentos que alguien pueda dar en su contra, el tejocote es algo así como un superhéroe, al igual que casi todas las frutas y las verduras, solo que incomprendido o, mejor dicho, ignorado.

Pese a que estamos acostumbrados a comerlo cocido, también se puede consumir crudo, y aunque lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en él es el ponche y las piñatas, no solo para estos usos muere el tejocote.

Con la pulpa de esta frutase preparan diversos dulces, incluyendo el ate; agüitas que atarantan (bebidas alcohólicas), como una de las versiones del pox maya; atoles; mermeladas; roscas de reyes; tartas, y hasta salsas para carnes.

Sí, si quieres una salsa especial para bañar al pollo, pavo o cerdo y obtener un guisado especial para el otoño o el invierno, solo necesitas licuar 300 gramos de tejocotes sancochados, pelados y deshuesados, una pizca de ajo en polvo o dos dientes, una cucharadita de azúcar, el jugo de tres mandarinas, y sal y pimienta al gusto.

La producción de esta fruta no solo se destina a usos culinarios, pues una buena parte se emplea en medicamentos y remedios. La industria y las personas que saben aprovechan su pulpa, semillas, hojas, corteza y raíces para fortalecer el sistema inmune por su alto contenido en vitamina C, algo muy conveniente en una temporada donde abundan los resfriados y la tos; disminuir la presión arterial, el colesterol y la glucosa; limpiar la sangre, el hígado y los riñones; tratar problemas digestivos, como el estreñimiento; evitar la retención de líquidos; bajar de peso; eliminar parásitos intestinales; nutrir los huesos, y mejorar la coagulación (cicatrización de heridas). Además, el tejocote tiene propiedades antioxidantes.

¿Por qué no aprovechar la ocasión o el pretexto para consumir una fruta que cuida de forma tan integral nuestra salud? Incluso si no te gusta el sabor, ¿no vale la pena aguantarse para obtener tantos beneficios? Al menos yo ya me vi bajando el peso acumulado en estos meses donde el comer como si no hubiera mañana siempre está latente. ¿Tú qué piensas?